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lunes, 20 de mayo de 2019

Eutanasia: situación legislativa en el mundo


La eutanasia requiere una acción deliberada, directa, solicitada voluntariamente, ante una situación de enfermedad con sufrimiento insoportable. Actualmente está autorizada en Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Suiza, Colombia, Australia y algunos estados de Estados Unidos y Canadá.

Todas las legislaciones promocionan el desarrollo de unos cuidados paliativos de calidad, se admiten las instrucciones previas y la planificación anticipada de cuidados como formas de expresión anticipada de la voluntad de terminación asistida de la vida y se respeta la objeción de conciencia de los profesionales.

Antes de la eutanasia, otro médico independiente controla los requisitos; después de ella, debe comunicarse a una comisión que analiza el caso y da o no el visto bueno. El médico de familia debe garantizar el respeto a la voluntariedad (sin coacción), que reúne los requisitos legales y practicar la eutanasia con corrección técnica.

Un artículo publicado en AMF-semFYC el pasado mes de marzo resume resume la situación actual de la eutanasia en distintos países de Europa, tanto a nivel legislativo como en la práctica clínica.

Entrada elaborada por: Nuria Serna

viernes, 15 de febrero de 2019

Escuela de Muerte Digna


En España se ha aprobado hace menos de un año la Ley 16/2018, de 28 de junio, de la Generalitat Valenciana, de derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de atención al final de la vida, que regula el ejercicio de los derechos de la persona en el proceso final de su vida para asegurar el respeto a su dignidad y autonomía e intimidad y velar por la calidad en este proceso final de vida.

Todos hemos oído hablar de esta Ley. Todos conocemos, en mayor o menor medida, la teoría sobre el derecho a morir dignamente. Nos la enseñan en las aulas universitarias, y posteriormente, son numerosas las reflexiones que se nos plantean al respecto en publicaciones, cursos, jornadas especialmente en el ámbito de los cuidados paliativos. Pero, ¿estamos realmente preparados para aplicar toda esta teoría? Independientemente del posicionamiento moral de cada uno, se percibe una falta de integración de la misma en la atención a nuestros pacientes al final de la vida. ¿Por qué sucede? ¿Conocimientos todavía insuficientes? ¿Por parte de los profesionales o de los propios pacientes? ¿Miedo las consecuencias éticas, jurídicas, sociales…?

En otros países europeos, ya hace tiempo que se regulan los derechos para la toma de decisiones al final de la vida y las garantías necesarias para que morir sea un proceso digno. Cada vez más profesionales de la salud se implican en ello. Me ha llamado la atención conocer que en Bélgica, sin ir más lejos, se ha creado una escuela, dirigida precisamente a estos trabajadores, conocida popularmente como “Escuela de muerte digna”.

Se trata de sesiones formativas, organizadas por la Asociación Belga para el Derecho a Morir Dignamente, e impartidas por François Damas, un anestesiólogo, ya jubilado, quien ha practicado más de 150 eutanasias a lo largo de su carrera profesional, y sigue acompañando, a pacientes y compañeros, en los procesos al final de la vida. Según declara el propio François, “Cuando hablamos de poner fin a la vida, no podemos permitirnos ningún error”. Y de ahí la importancia de estas clases. Asistir a ellas es voluntario, y van dirigida a médicos, enfermeros, psicólogos, etcétera.

Por otro lado, además de enseñar los conocimientos teóricos necesarios, estas sesiones formativas tienen otros objetivos secundarios. Por un lado, concienciar a sus asistentes de la necesidad de distanciarse ética y profesionalmente de la actitud radicalmente opuesta a la muerte digna: el ensañamiento terapéutico; y por otro, facilitarles las herramientas para la correcta toma de decisiones y resolución de conflictos bioéticos que pueden surgir cuando se acompaña a un paciente al final de la vida.

A mí esta iniciativa, personalmente, me parece de lo más útil y necesaria, especialmente en el nuevo marco médico-legal en el que empezamos a movernos los médicos y demás profesionales de la salud en nuestro país. Y vosotros, ¿qué opináis? ¿creéis también que en España necesitamos una “Escuela sobre Muerte Digna”?

Os dejo un par de enlaces por si queréis más información al respeto:

https://elpais.com/sociedad/2019/01/03/actualidad/1546517160_557021.html

https://www.20minutes.fr/livres/1228319-20130926-20130926-la-mort-choisie-comprendre-euthanasie-amp-enjeux-francois-damas-chez-mardaga-bruxelles-belgique


Entrada elaborada por: Nuria Serna Andrada. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.

sábado, 30 de junio de 2018

Aprobada la Ley de muerte digna en la Comunitat Valenciana


Les Corts de la Comunitat Valenciana han aprobado, tras meses de debate su borrador, la Ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de atención al final de la vida, que tiene como objetivo regular el ejercicio de los derechos de la persona en esos momentos, para "proteger, garantizar la dignidad de la persona en el proceso final de su vida y asegurar su autonomía, sus deseos y voluntad".

La norma recoge el derecho de los ciudadanos a recibir cuidados paliativos integrales, a elegir el lugar donde recibirlos y a realizar una planificación anticipada de decisiones. Asimismo, se incluye que el personal médico debe velar para que el proceso de toma de decisiones y deseos expresados por la persona se respete dentro del marco legal existente.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Adecuación del esfuerzo diagnóstico y terapéutico en cuidados paliativos

Os recomendamos hoy un interesante artículo sobre los cuidados paliativosy uno de sus aspectos éticos más complejos. Hasta donde llegamos para diagnosticar o tratar a un enfermo en esta situación.

 El autor plantea un leve pero importante cambio en los términos que utilizamos habitualmente en estos casos. No hablemos de Limitación sino de Adecuación, es decir a "realizar las acciones tanto diagnósticas como terapéuticas que esten acordes con la situación en la que se encuentre el paciente en ese momento"

Podeís leer el artículo completo en el siguiente enlace: "Adecuación del esfuerzo diagnóstico y terapeútico en cuidados paliativos"

miércoles, 25 de marzo de 2015

¿Cómo nos gustaría morir?


Os recomiendo el artículo de Jesús Mosterín, filósofo, que ha publicado hoy El País titulado “Una cita con la parca”. Nos cuenta cómo descubrió que tenía un mesotelioma, cuándo había estado él en contacto con el amianto, sus temores actuales y cómo desea morir. 

Dice: “…Si yo tuviera una entrevista con la parca, no le pediría la inmortalidad ni la vida larguísima, sino que me dejase a mí decidir el momento de la cita inevitable, comprometiéndome a no abusar de este derecho, sino a invocarlo solo en el momento oportuno. La muerte que yo preferiría sería el suicidio sereno y asistido. En Francia se tramita ahora la ley para permitir algo tan elemental como que los enfermos terminales puedan elegir ser dormidos hasta la muerte…”

He recordado que tenía guardado otro artículo suyo, también de El País, pero de hace 10 años titulado “La buena Muerte” (descargar aqui y aqui). Os transcribo el principio que me parece precioso:

A pesar del mágico encanto de la infancia y de la turbadora emoción de la pubertad, es hermoso crecer, hacerse adulto, vivir en sazón y plenitud, sentirse a gusto en la propia piel, usar la razón, pensar con lucidez, ejercer la autonomía, tomar en nuestras manos las riendas de nuestra propia vida. Nadie nos preguntó cómo nacer, pero quizá podamos decidir cómo morir. Podemos ser autores de nuestra biografía, podemos hacer que la película de nuestra vida acabe bien, a nuestro gusto. No hay necesidad de rodear el trance de la muerte de terrores, supersticiones y tabúes. También la muerte puede abordarse con serenidad y racionalidad.
¡Ojala lo consigamos!
Vicenta Alborch


lunes, 16 de marzo de 2015

OLIVER SACKS “ DE MI PROPIA VIDA” “ MY OWN LIFE”



El 21 de febrero del 2015 se publicaban estos emotivos artículos en los que el escritor y neurólogo Oliver Sacks anunciaba que padece cáncer terminal y que le queda poco tiempo de vida, tanto en el periódico The New York Times como en El País, os adjunto aquí los links
He escogido estos artículos porque me resultan muy cercanos a la película “Las Alas de la Vida”, reflejan gran sabiduría y una lección de vida, y me conducen a reflexionar sobre la aproximación al final de la vida y el camino a la muerte de una forma serena y humana siendo muy consciente de la enfermedad.  
“Debo decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivirlos de manera más rica, intensa y productiva que pueda”, dice Sacks.

Oliver Sacks  nacido en Londres en 1933 es un neurólogo y escritor británico graduado en medicina por la Universidad de Oxford, es conocido por sus libros sobre los efectos de los trastornos neurológicos basados en las experiencias reales de sus pacientes, seguro que os suena el título “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” publicado en 1985.
En 1960 viajó a Estados Unidos para especializarse en neurología y en el 65 aceptó un puesto como profesor en el Colegio de Medicina Albert Einstein y se estableció en Nueva York, donde ha desarrollado toda su carrera como profesor y doctor,  su experiencia con casos de migrañas fue la base de su primer libro “Migraña”(1970), mientras acababa ese libro, empezó a trabajar en el Hospital Beth Abraham de Nueva York, en el Bronx, en el que entró en contacto con varios supervivientes de la epidemia mundial de encefalitis letárgica, una enfermedad del sueño que apareció a finales de la década de 1910 y principios de la de 1920. Los enfermos, sumidos en un sueño profundo comparable a la muerte, padecían diferentes grados de incapacidad para hablar, andar o alimentarse. En 1969, Sacks empezó a administrar a sus pacientes una nueva sustancia experimental llamada L-dopa con resultados extraordinarios en la recuperación de las facultades de los enfermos. Sin embargo, la droga milagrosa que había logrado "resucitar" a los afectados comenzó a fallar al cabo de un periodo de tiempo y las víctimas de encefalitis letárgica regresaron a su estado previo. Esta experiencia fue la base del libro “Awakenings,” “Despertares” (1973), adaptado al cine en 1990 por una película del mismo nombre, nominada a varios Oscar y protagonizada por Robin Williams y Robert De Niro.
En 1974, mientras practicaba senderismo en Noruega, sufrió una lesión severa en su pierna izquierda que le dejó sin sensibilidad. La lenta mejora en la recuperación de la sensibilidad de su pierna inspiró la memoria “Con una sola pierna” (1984).
Desde entonces, y gracias a su extraordinaria habilidad para describir los fenómenos que alteran el sistema nervioso humano, ha logrado vender millones de libros sobre sus casos clínicos.
Desde 1966, Sacks trabajó como consultor neurológico en varios asilos de ancianos de Nueva York atendidos por la congregación de las Hermanitas de los Pobres, y fue neurólogo consultor en el Centro Psiquiátrico de Bronx.
En  2007 se unió a la facultad del Centro Médico de la Universidad de Columbia como profesor de neurología y psiquiatría y []regresó a la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York en 2012 para desempeñarse como profesor de neurología y neurólogo consultor en el Centro de Epilepsia de la institución. El trabajo de Sacks en Beth Abraham ayudó a sentar las bases sobre las que el Instituto para la Música y la Función Neurológica (IMNF, por sus siglas en inglés) se construyó.
Actualmente es un consejero médico honorario por sus contribuciones en apoyo de la terapia musical y el efecto de la música sobre el cerebro humano y la mente y continua siendo neurólogo consultor de las Hermanitas de los Pobres y practicante en la ciudad de Nueva York, además de miembro de las juntas directivas del Instituto de Neurociencias y el Jardín Botánico de Nueva York.

En estos artículos Sacks relata con optimismo que padece un cáncer terminal y que le quedan semanas de vida:
“EL TIEMPO QUE ME QUEDA TENDRÉ QUE ARREGLAR MIS CUENTAS CON EL MUNDO”
Hace un mes me encontraba bien de salud, incluso francamente bien. A mis 81 años, seguía nadando un kilómetro y medio cada día. Pero mi suerte tenía un límite: poco después me enteré de que tengo metástasis múltiples en el hígado. Hace nueve años me descubrieron en el ojo un tumor poco frecuente, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el tratamiento de láser a los que me sometí para eliminarlo acabaron por dejarme ciego de ese ojo, es muy raro que ese tipo de tumor se reproduzca. Pues bien, yo pertenezco al desafortunado 2%.

Doy gracias por haber disfrutado de nueve años de buena salud y productividad desde el diagnóstico inicial, pero ha llegado el momento de enfrentarme de cerca a la muerte. Las metástasis ocupan un tercio de mi hígado, y, aunque se puede retrasar su avance, son un tipo de cáncer que no puede detenerse. De modo que debo decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivirlos de la manera más rica, intensa y productiva que pueda. Me sirven de estímulo las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David Hume, que, al saber que estaba mortalmente enfermo, a los 65 años, escribió una breve autobiografía, en un solo día de abril de 1776. La tituló De mi propia vida: “Imagino un rápido deterioro”, escribió. “Mi trastorno me ha producido muy poco dolor; y, lo que es aún más raro, a pesar de mi gran empeoramiento, mi ánimo no ha decaído ni por un instante. Poseo la misma pasión de siempre por el estudio y gozo igual de la compañía de otros”.
He tenido la inmensa suerte de vivir más allá de los 80 años, y esos 15 años más que los que vivió Hume han sido tan ricos en el trabajo como en el amor. En ese tiempo he publicado cinco libros y he terminado una autobiografía (bastante más larga que las breves páginas de Hume) que se publicará esta primavera; y tengo unos cuantos libros más casi terminados.
Hume continuaba: “Soy... un hombre de temperamento dócil, de genio controlado, de carácter abierto, sociable y alegre, capaz de sentir afecto pero poco dado al odio, y de gran moderación en todas mis pasiones”.

En este aspecto soy distinto de Hume. Si bien he tenido relaciones amorosas y amistades, y no tengo auténticos enemigos, no puedo decir (ni podría decirlo nadie que me conozca) que soy un hombre de temperamento dócil. Al contrario, soy una persona vehemente, de violentos entusiasmos y una absoluta falta de contención en todas mis pasiones.
Sin embargo, hay una frase en el ensayo de Hume con la que estoy especialmente de acuerdo: “Es difícil”, escribió, “sentir más desapego por la vida del que siento ahora”.

En los últimos días he podido ver mi vida igual que si la observara desde una gran altura, como una especie de paisaje, y con una percepción cada vez más profunda de la relación entre todas sus partes. Ahora bien, ello no significa que la dé por terminada.

Por el contrario, me siento increíblemente vivo, y deseo y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, adquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento.
Eso quiere decir que tendré que ser audaz, claro y directo, y tratar de arreglar mis cuentas con el mundo. Pero también dispondré de tiempo para divertirme (e incluso para hacer el tonto).
De pronto me siento centrado y clarividente. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Debo dar prioridad a mi trabajo, a mis amigos y a mí mismo. Voy a dejar de ver el informativo de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y los debates sobre el calentamiento global.

No es indiferencia sino distanciamiento; sigo estando muy preocupado por Oriente Próximo, el calentamiento global, las desigualdades crecientes, pero ya no son asunto mío; son cosa del futuro. Me alegro cuando conozco a jóvenes de talento, incluso al que me hizo la biopsia y diagnosticó mis metástasis. Tengo la sensación de que el futuro está en buenas manos.
Soy cada vez más consciente, desde hace unos 10 años, de las muertes que se producen entre mis contemporáneos. Mi generación está ya de salida, y cada fallecimiento lo he sentido como un desprendimiento, un desgarro de parte de mí mismo. Cuando hayamos desaparecido no habrá nadie como nosotros, pero, por supuesto, nunca hay nadie igual a otros. Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.

Con esta última frase tan optimista se despide en este artículo, personalmente me parece una bonita forma de aceptar la muerte, vivir el presente y lo que realmente importa en la vida.

viernes, 9 de mayo de 2014

EL RETO DEL DOBLE PAPEL: MÉDICO-FAMILIAR ¿IMPOSIBLE, DIFÍCIL O UN ACTO DE AMOR?






Todos sabemos que tratar a un paciente al que se le diagnostica un cáncer solo susceptible de tratamiento paliativo es un reto para cualquier médico, pero…  ¿que ocurre cuando además de ser el médico que se ha de ocupar de los cuidados del paciente somos uno de los familiares más allegados (padre, hermano, etc.)?¿Se puede hacer o por el contrario debemos evitarlo a toda costa por el bien del enfermo?

Seguro que las opiniones pueden ser muy variadas y que la recomendación general ha de ser evitarlo en la medida de lo posible, ya que es muy difícil mantener la objetividad y pueden aparecer múltiples problemas tanto por parte del enfermo (ocultaciones de algunos síntomas o inquietudes por no querer angustiar al familiar y que sí plantearía en caso de ser otro el médico responsable), como por parte de la familia (dudas sobre si las decisiones tomadas han sido las correctas y que pueden deteriorar las relaciones futuras) o por parte del propio familiar-médico (inseguridades, ansiedad, aumento de la probabilidad de duelo patológico por dudas futuras sobre algunas decisiones tomadas durante el proceso)

Es por tanto seguro que los retos que se plantean en estas situaciones son múltiples y cada vez más complicados a medida que la enfermedad avanza, pero si finalmente se toma la decisión de asumir el control médico del proceso nos encontraremos ante tres tipos de retos fundamentalmente.

En primer lugar en muchas ocasiones es difícil hacer el diagnóstico, ya que tenemos tendencia a quitar importancia a síntomas o tratarlos en familiares sin una adecuada exploración por ser consultas informales, expresadas de forma banal en reuniones o visitas familiares, lo que puede dar lugar a retrasos diagnósticos. Por otro lado una vez establecida la sospecha, es cierto que contamos con la ventaja de conocer y disponer de algunos “atajos” que nos permiten acelerar el proceso diagnóstico y de inicio del tratamiento.

En segundo lugar se plantea el reto de hasta donde continuar con el tratamiento “curativo-paliativo”, ya que carecemos de la visión objetiva que habitualmente intentamos aportar a enfermos y familiares sobre la situación real de la enfermedad y sus posibles tratamientos, haciendo que en algunas ocasiones nos acerquemos peligrosamente al encarnizamiento terapéutico por conocer incluso tratamientos experimentales que puedan aportar una mínima esperanza a la que aferrarse o a la abstención terapéutica  prematura, ya que conocemos con más exactitud el infausto pronostico y podemos tender a desesperar antes que un familiar “normal”. Todos conocemos casos o hemos oído hablar de ellos, de médicos que al conocer el diagnóstico de cáncer terminal o enfermedad degenerativa han optado por el suicidio ante el temor del futuro que les esperaba.

 Y en tercer lugar y como reto más difícil nos encontramos con los momentos finales, llenos de emotividad para todos y en los que hemos de tomar decisiones como en que momento realizar una sedación paliativa. Es siempre complicado juzgar el momento oportuno para iniciar este tipo de tratamientos, pero más aún cuando hay una implicación personal importante, ya que parece que seamos los responsables del fallecimiento, de anticipar un final que nunca querríamos que llegase y por tanto hay una tendencia a retrasar la administración de la medicación corriendo el riesgo de llegar tarde.

Por todo esto, el tratar a un familiar durante un proceso como este es una mezcla de amor al enfermo, responsabilidad ante el resto de familiares no sanitarios y exámenes continuos de conciencia (y muchas noches de insomnio) para nosotros  en nuestro doble papel que en ocasiones puede ser difícil de sobrellevar.

Es importante al inicio de la enfermedad plantearse, con un examen sincero de conciencia, si vamos a ser capaces de sobrellevar estas responsabilidades antes de asumir el proceso, para intentar buscar soluciones alternativas con algún compañero en caso de no considerarnos capacitados y es importante ir re-examinando la situación a lo largo del proceso, para ver si en alguno de los puntos importantes (enfermo, familia y  nosotros mismos) esta apareciendo algún problema o fisura que pueda complicar los momentos finales.

Y en esos momentos finales hay que intentar buscar apoyos que nos ayuden a ver que esto se acaba. Muchas veces es el propio enfermo quien nos lo hace ver (“ha llegado el final”, “ya no merece la pena seguir”, “estoy agotado”) y solo es necesario escucharle de forma sincera sin imponer nuestro criterio. Una vez tomada la decisión de sedar al enfermo, plantearla al resto de la familia explicando como será el proceso para que todos se puedan despedir de forma adecuada y continuar adelante, sabiendo que es la enfermedad la que nos obliga a tomar esa decisión y que, aunque en esos momentos ya no sea capaz de expresarlo, estaremos proporcionando al enfermo todo nuestro amor y conocimientos para superar este último trance de la forma más digna y humana posible.

Estas reflexiones no pretenden ser un tratado de cuidados paliativos, de los cuales existen muchos y de gran calidad, ni tampoco es el formato adecuado para un estudio en profundidad de estas situaciones y todas sus implicaciones éticas, sino sencillamente el  reflejo de una experiencia personal en la que sí se asumió el reto, muy difícil de vivir, pero muy enriquecedora desde múltiples puntos de vista y que espero que pueda aportar algo a aquellos que tengan la mala suerte en el futuro de encontrarse con una situación similar.



Gracias “Yayo”




domingo, 27 de abril de 2014

UN ABANICO DE POSIBILIDADES: Resumen de unas jornadas de cuidados paliativos



 I Jornada Departamental De Cuidados Paliativos celebrada en el Hospital La Plana, Vila-Real, el día 10 de abril del 2014


  La mañana del día 10 de abril, tuve la oportunidad de acudir a unas jornadas, que  transmitieron la necesidad de una atención integral del paciente paliativo. Fue un repaso, entre ponencias y talleres, entre lo teórico y lo práctico, del trabajo multidisciplinar de los profesionales, desde atención  primaria, pasando por el servicio de domiciliaria hasta los cuidados  hospitalarios.

Una de las charlas fue impartida por nuestro compañero, Jesús García, que habló de “Los cuidados paliativos desde Atención Primaria”. Jesús se refirió a historias de personas,  no a historias de pacientes. Comentó la labor que se lleva acabo desde atención  primaria; la importancia de conocer al paciente; del trabajo del médico como enlace entre la familia y el hospital, de la necesidad de la  continuidad de los cuidados hasta el duelo, en resumen, del compromiso de proporcionar una muerte digna. Matizó, las limitaciones que nos encontramos al trabajar día a día desde la consulta y planteó un listado posibles mejoras; poniendo punto y final a su presentación, con un toque de humanización al leer el artículo de “No me rehuyáis la mirada” de África Sendino.

Al igual que nuestro compañero, en el resto de charlas,  los ponentes ofrecieron su punto de vista, del trabajo que ejercen desde el hospital, en el servicio de urgencias, en la  planta o en  domiciliaria, mostrando sus inquietudes, y su visión, en relación con el tema de paliativos.

 Fue una mañana que aportó un acúmulo de reflexiones que unas veces ya estaban expuestas en las charlas y los talleres, y en otras quedaban implícitas a merced del carácter del profesional.

Entre las reflexiones que se expresaron, mencionar: la necesidad de mejorar la comunicación interprofesional, ahondando en mejorar la relación entre médico-médico, médico-hospital, hospital-hospital,…, etc, en fin, un compendio de vínculos, con un mismo objetivo que es el paciente paliativo. También, meditar sobre “cuidar” como propósito en nuestro trabajo, más que, “curar”, que a veces tanto se nos resiste al profesional. Y, al hablar de cuidar, recordar, el artículo que escribió,  Francesc Torralba: “Los constructos éticos del cuidar”. Un artículo que describe las cinco  “c” del cuidar: la compasión, la competencia, la  confidencialidad, la confianza, y la conciencia, unas cualidades necesarias en nuestro trabajo, pero difíciles de llevar a cabo.



jueves, 20 de febrero de 2014

Hemos leido en ... bioética: Humanización de la atención sanitaria

Recomendación de nuestra compañera residente María Capriles:


El artículo  "Para la humanización de la atención sanitaria: los cuidados paliativos como modelo"  llegó a mis manos mientras rotaba en una unidad de agudos de cuidados paliativos, fue escrito por Begoña Román de la Universidad de Barcelona.Os indicamos el enlace al abstrac ya que el artículo es relativamene reciente y el acceso es restringido

Realmente me tocó la fibra pues expone un enfoque integral de atención sanitaria, tomando en cuenta algo tan básico en nuestra profesión como es la humanización, pero que muchas veces se pierde en los pasillos, salas o las agendas de consultas en determinadas ocasiones en centros sanitarios, sobre todo hospitales. Sería maravilloso poder llevarlo a cabo en su totalidad en nuestras consultas de atención primaria, sin embargo el tiempo, indicadores y condiciones no lo permiten; interés y dedicación para cuidar y atender a nuestros pacientes no nos falta (al menos a una gran parte de nosotros), incluso  reflexionar sobre cuidarnos a nosotros mismos, así como de vez en cuando hacer un “stop” y así evitar el burnout entre otras cosas. Espero os guste y sirvan algunos “tips” para poner en práctica en nuestro día a día.


lunes, 9 de diciembre de 2013

¿Que pedimos al final de la vida?

Nos ha llegado una muy interesante una carta  sobre la 
relación medico - paciente al final de la vida,que nos 
debe hacer reflexionar sobre nuestra actitud vital y 
profesional ante estas situaciones
 
 
 http://curaraveces.wordpress.com/2013/10/21/no-me-rehuyais-la-mirada/
 
 
 
 

martes, 30 de abril de 2013

La vida cumplida: la obligación de vivir o el derecho a morir



El último numero de la revista DMD (62/2013) está dedicado en exclusiva a los aspectos fundamentales del proceso de morir de las personas de edad avanzada, colectivo cada vez más importante en nuestro país, ya que la población cada vez esta mas envejecida y el número de personas de edad avanzada crece exponencialmente y no siempre nuestra formación y preparación como personal sanitario para atenderlos esta a la altura.

Dejando de lado las características especiales de manifestación de las distintas enfermedades en los ancianos y centrándonos en el final de la vida debemos plantearnos varias preguntas fundamentales: ¿respetamos la voluntad de las personas mayores en el proceso de morir? ¿les ofrecemos a nuestros mayores una muerte digna?, ¿son iguales los cuidados paliativos que recibe una persona de 55 años con una enfermedad terminal que los que recibe un anciano en situación terminal?, ¿Damos a nuestros mayores lo que querríamos para nosotros?

He planteado esta última pregunta en múltiples ocasiones en diferentes foros y mayoritariamente somos partidarios de conocer nuestros diagnósticos, por terribles que estos puedan llegar a ser, pero si hablamos de una persona mayor el planteamiento mayoritariamente es ocultarlo hasta el final ya que consideramos que no están capacitados para asumir que el final se acerca y les haremos sufrir innecesariamente.

Cuando conseguimos que se rompan estos mitos y que en las familias se hable tranquila y serenamente de la enfermedad habitualmente son nuestros mayores los que ponen el punto de sensatez que les otorgan los años vividos y la seguridad que después de tener su vida cumplida el final esta cada vez mas cerca.

Y avanzando un paso más en estas reflexiones nos encontramos el tema central de la revista y del título de la entrada. ¿Hasta que punto es lícito aplicar tratamientos a ancianos que han manifestado su deseo de morir en paz y de forma digna cuando sabemos que lo que conseguimos son meses o quizás años de vida en sufrimiento? ¿Que aportamos a esos pacientes o a sus familias? ¿No deberíamos plantearnos que la vida no es algo obligatorio ni eterno y que tenemos derecho a morir de forma digna cuando la vida haya perdido esa dignidad?



jueves, 21 de febrero de 2013

Los 5 remordimientos más habituales antes de morir

Queremos recoger aqui un post original del blog de Bronnie Ware, que  ha acompañado a cientos de personas durante las últimas semanas de sus vidas, y que nos invita a reflexionar sobre la vida y la muerte.
Esta enfermera austrialana, especialista en cuidados paliativos, confiesa que “casi todas las personas expresan los mismos remordimientos antes de morir”:
1.- Ojalá hubiese tenido el coraje de vivir la vida que yo quería y no la que los demás esperaban de mí.
Este es el remordimiento más común. Cuando somos conscientes de que nuestra vida se está terminando, miramos hacia atrás y vemos todos los sueños que no hemos realizado. Mucha gente no se atreve a perseguir sus sueños y muere sabiendo que ellos son los responsables de las decisiones que los impidieron.
No somos conscientes de la libertad que tenemos por el mero hecho de estar sanos. Cuando llega la enfermedad, ya es demasiado tarde.
2.- Ojalá no hubiese trabajado tanto.
Este comentario me lo repitieron la mayoría de los hombres a los que asistí. Se arrepentían de no haber dedicado más tiempo a su pareja y a sus hijos cuando eran pequeños.
3.- Ojalá hubiese tenido el coraje de expresar mis sentimientos.
Muchas personas esconden sus sentimientos para evitar conflictos con los demás. El resultado es que se conforman con una existencia mediocre.
No podemos controlar las reacciones de los demás. Y, aunque al principio otra persona se moleste cuando somos honestos, eso hace que una relación crezca. O que se acabe una relación que no era saludable. En ambos casos, todo el mundo sale ganando.
4.- Ojalá hubiese mantenido el contacto con mis amigos.
Muchas personas no se dan cuenta de la importancia de los amigos hasta que la muerte se acerca. Nos absorbemos tanto en nuestras rutinas que dejamos marchitarse las amistades. Olvidamos ofrecer a nuestros amigos el tiempo y el esfuerzo que merecen.
En las últimas semanas de vida, lo único que importa es el amor y las relaciones. Todo lo demás -el dinero, el éxito profesional- es absolutamente irrelevante.
5.- Ojalá me hubiese permitido ser más feliz.
Desgraciadamente, este remordimiento también es muy común.
Muchas personas no se dan cuenta de que la felicidad es una opción hasta que la muerte se acerca. Muchos se han dejado arrastrar por el confort de la vida cotidiana, el miedo al cambio o a la reacción de los demás.
La vida está hecha de decisiones. Y es tuya. Decide.

Información recogida por Víctor J. Suberviola

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Guias de ética Fundación Ciencias de la Salud

 No existen en bioética demasiadas guias clínicas, y menos aun con un enfoque eminentemente practico, basadas en casos clínicos del día a día.
Publicamos a continuación el enlace y la decalaración de intenciones de los diversos autores convocados por la Fundación Ciencias de la Salud que en los últimos años han ido elaborando una serie de guias centradas en el enfoque practico de la bioética sobre diversos temas. Salvo la última el resto son de acceso gratuito desde la red

Guías de ética en la práctica médica

"En medicina existen guías de "buena práctica clínica", que indican al profesional cómo proceder técnicamente ante situaciones clínicas concretas y guías de "buena práctica profesional" que abordan aspectos jurídicos y éticos a aplicar en algunas situaciones, pero que suelen tener carácter excesivamente abstracto. No existen sin embargo documentos de apoyo al clínico ante situaciones que puedan agrupar aspectos clínicos, jurídicos, éticos y deontológicos y para los que la sociedad demanda al clínico un servicio para el que puede sentirse poco preparado. El objetivo de esta línea editorial de la Fundación de Ciencias de la Salud es la elaboración de una serie de guías de ética en la práctica médica que ayuden al profesional sanitario en la mejora de la resolución este tipo de conflictos."