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sábado, 9 de febrero de 2013

Reflexiones de una médico de familia interesada en la bioética sobre los derechos de los ciudadanos


Lo primero que me planteo es de qué ciudadanos hablamos. Doy por sentado que nos referimos a los de nuestra sociedad occidental, española, donde la esperanza de vida ronda los 80 años. Dejamos aparte, una vez más, a los habitantes de aquellos países donde la mayoría no alcanza los cincuenta: cientos de millones de personas que no tienen derecho ni a vivir ni a morir dignamente, a pesar de que la declaración de los derechos humanos pretenda ser universal. No deberíamos perderlos nunca de vista sino por el contrario animarnos a la solidaridad y pensar que también somos en parte responsables de su situación, si despilfarramos recursos, maltratamos el medio ambiente, utilizamos de forma incorrecta los medicamentos, creamos gérmenes resistentes a los antibioticos, propagamos enfermedades contra las que no podrán defenderse, etc.

Dicho esto, la siguiente reflexión que me hago consiste en qué derechos tiene el ciudadano/a que entra en mi consulta de médico de cabecera: tiene derecho a ser recibido con educación, escuchado con atención, explorado con los medios a mi alcance o derivándolo al especialista que precise; tiene derecho a que reflexione con él sobre su problema de salud e intentemos llegar a su causa, si es posible, para buscar la solución; tiene derecho a que le proporcione el tratamiento más idóneo o el consejo de salud más adecuado, a que le explique las diferentes alternativas, los riesgos y beneficios de cada una de ellas, a que escuche sus dudas y se las intente aclarar, a que tenga en cuenta sus creencias y valores y respete sus decisiones, a la confidencialidad; tiene derecho a que le evite las enfermedades que se puedan prevenir, le acompañe en el dolor y la muerte cuando no se pueden evitar, en suma tiene derecho a que le cuide, a que le cure en la medida de lo posible y a que le acompañe, junto con todos los profesionales que formamos el equipo sanitario.

Todo ello es necesario, así como es imprescindible que yo esté bien formada e informada de los últimos avances científicos, nuevos fármacos, nuevas leyes, sistemas informáticos...

También debo registrar en la historia del paciente todos los datos de interés, realizar labores administrativas, como partes de baja, repetición de recetas... Desde hace años, en el centro de salud donde trabajo, todo esto lo hacemos en ordenador, con los quebraderos de cabeza que a veces nos ocasiona cuando no funciona como debe..... He de decir que de todas formas defiendo la consulta informatizada por muchas razones que no vienen al caso.

Como pueden ver no es fácil nuestra tarea, sobre todo si pensamos que no tenemos ni 10 minutos de media por consulta. Pero no se me depriman, porque en atención primaria contamos con indudables ventajas y la más importante es la cercanía y la relación continuada con los ciudadanos/as. Si tenemos la suerte de permanecer en el mismo sitio y somos capaces de establecer una relación de mutua confianza, podemos salir ambos beneficiados, el ciudadano mejorando o manteniendo su salud y el médico sintiéndose satisfecho de su labor profesional. Ahí reside la gracia de la atención primaria y no la podemos malograr. Para ello es necesario que todos seamos conscientes de que los recursos humanos y materiales son limitados, que si unos abusamos otros pierden. Debemos saber utilizar el sistema eficazmente, conocer dónde, cuándo y de qué forma debemos acudir a él. Todos somos responsables. En primer lugar de nuestra propia salud intentado mantener unos hábitos saludables por el bien nuestro y el de todos.

Redactado por Vicenta Alborch

domingo, 20 de enero de 2013

Tiempo mínimo por consulta



Nos gustaría recoger aquí un documento, que ya tiene sus años (2008), de la Comisión  Central de Deontología  del Consejo General de Colegios Médicos sobre los tiempos mínimos en las consultas médicas..

Como decíamos es un documento elaborado en el 2008 pero la situación que en el se reflejaba no solo no ha mejorado sino que con los recortes y la falta de sustitutos en los últimos años ha empeorado. “¿Cuánto tiempo necesita un médico para atender un paciente de forma digna?”


Como se recogía en el documento es muy difícil establecer una regla fija pero si que es posible definir un “mínimo decente” que seria el objetivo a conseguir. Ese mínimo podría tener como referencia los famosos “10 minutos”, aunque ha de ser cada profesional en función de las características de sus pacientes el que lo establezca.

No todos los pacientes necesitan el mismo tiempo y por ello los programas informáticos que actualmente gestionan nuestras consultas deberían ser lo suficientemente flexibles para permitir diferentes tipos de citas, con diferentes tiempos asignados.

Este tiempo extra por paciente no debe limitar el resto de actividades que obligatoriamente ha de desempeñar todo médico como es la formación continuada y la investigación, que es de donde actualmente lo obtenemos, dejando estas actividades para fuera de nuestro horario laboral.