Mostrando entradas con la etiqueta justicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta justicia. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de febrero de 2016

Sanidad e incentivos

Tras las recientes polémicas desatadas por los artículos publicados sobre los incentivos a los sanitarios dedicados a los trasplantes se nos plantea avanzar más allá en el tema. Como ejemplo citamos el artículo de Tribuna del periódico El Pais “Trasplantes o la fabricación del éxito” ( http://elpais.com/elpais/2016/01/14/opinion/1452798928_402406.html)

Mucha gente ha opinado sobre la conveniencia o no de los “grandes” incentivos que reciben los equipos implicados en los trasplantes, personal sanitario que no está incluido en esos equipos se ha mostrado en contra de las cifras que se manejan, clasificándolas como  exageradas y poco éticas, facilitadoras de conductas inapropiadas por parte de los profesionales que son capaces de “forzar” a una familia a donar los órganos de un fallecido con tal de cobrar tan suculentos incentivos. Pero como  decía antes, podemos contemplar el tema aún más en profundidad, olvidando la crítica a la ONT y si el modelo español merece o no el reconocimiento que recibe o tiene puntos mejorables y centrarnos en el punto de los incentivos en la sanidad.

Por ello planteamos la siguiente pregunta ¿Es ético que un médico reciba incentivos por realizar su trabajo conforme a unos determinados criterios?

Para responder a la pregunta existen varias guías en la literatura que intentan aportar luz a un tema escabroso y que a muchos médicos no gusta tratar abiertamente. Entre otras:


¿Como buscar respuestas a un tema que provoca respuestas encendidas?

En primer lugar definiendo que son incentivos y cuales son sus objetivos. Los incentivos según la RAE son “estímulo que se ofrece a una persona, grupo o sector de la economía con el fin de elevar la producción y mejorar los rendimientos”. Lo que no dice la definición es que deban ser económicos siempre ni que vayan condicionados al ahorro económico.

Encontramos incentivos por parte de las administraciones al personal sanitario por disminuir costos, por aumentar productividad, por calidad en el trabajo desempeñado, por antigüedad o permanencia en el puesto.

Este tipo de incentivos buscan mejorar la calidad y la eficiencia de los servicios sanitarios públicos, intentando premiar a aquellos profesionales que realizan mejor su trabajo con respecto a los que peor lo hacen. La dificultad en este tipo de incentivos es encontrar unos indicadores de calidad fiables que permitan evaluar el trabajo del personal sanitario sin centrarse exclusivamente en la capacidad de ahorro económico. Se ha intentado por medio de la “carrera profesional” que premia a los trabajadores mejor cualificados, con poco éxito en cuanto a su aplicación en la mayor parte de los casos, se han intentado sistemas de productividad mixtos que intentan premiar el grado de cumplimiento de objetivos económicos fijados por las administraciones  junto con indicadores de calidad en la atención al paciente sin que en ninguno de los casos el sistema o su aplicación haya sido considerada exitosa por todas las partes implicadas.
Desde el  punto de vista ético el principio ético implicado es el de justicia, que en el caso de la asistencia pública ha de ser el de justicia distributiva. Dado que no todas las personas trabajan del mismo modo, ni son igual de eficaces y eficientes en su actividad, es lógico que la retribución sea proporcional a lo que hacen y cada trabajador reciba una retribución por objetivos.  Por tanto los incentivos no son intrínsecamente malos, pero tienen que establecerse de modo que premien la buena práctica, y no el ahorro sin más. Es decir, los incentivos en si no se pueden considerar “éticamente malos” (si es que ese término existe) la dificultad se encuentra en encontrar un sistema de aplicación adecuado al ámbito sanitario que conjugue el reconocimiento de los profesionales que realizan su trabajo de forma “correcta” con los intereses de la administración pública de ajuste en el gasto debido a la escasez de recursos.

También encontramos incentivos por parte de la industria farmacéutica (generalmente en especies, ya sea en forma de costear asistencia a congresos, material médico, cursos de formación) con objeto de fomentar y promocionar el uso de determinados fármacos. Esta práctica alcanzó unos niveles que desde el punto de vista ético eran intolerables y desde hace años se encuentra regulada por la legislación y el “Código de buenas prácticas de la Industria Farmaceútica” . Los límites éticos en este caso son bastante más estrechos y se justifican habitualmente por el alto coste de la formación médica de postgrado. La formación de los médicos está en constante evolución y las últimas novedades se presentan en congresos a los que la asistencia no es barata. Las revistas médicas tampoco lo son y los cursos de actualización en muchos casos son sufragados por los laboratorios farmaceúticos. Ahora bien, ¿es la única forma de formarse de la que disponen los médicos en la actualidad? Pues en la era de internet, obviamente no, y los médicos que evitan el “depender” de los laboratorios para su formación cada vez es mayor y el esfuerzo para el control de los abusos y la proporcionalidad de los recursos destinados por los laboratorios en la promoción cada vez está más controlada.

Por todo ello podemos considerar que los incentivos no son malos independientemente de su cuantía, ni pervierten el sistema, pudiendo incluso llegar a mejorarlo, la dificultad consiste en encontrar un sistema de incentivos “ético” que premie el buen desempeño de las funciones, no solo desde el punto de vista de ahorro económico sino también en calidad de atención al paciente, adecuación a la buena praxis, trabajo en equipo, capacidad profesional y otros criterios como capacidad docente (formación de nuevos profesionales), investigación e innovación y que premie a los profesionales de una forma proporcional, de acuerdo con la citada justicia distributiva, sin menoscabar los recursos destinados a la atención de los pacientes pero garantizando unos profesionales satisfechos con la calidad de su trabajo y satisfechos por su valoración social y económica.


lunes, 27 de mayo de 2013

JORNADAS CBA COMUNIDAD: PONENCIA DIEGO GRACIA: “Justicia y escasez de recurso: ¿Una ecuación imposible?"



El Dr. Gracia centró su intervención en explicar como se puede aplicar la Teoría de la Justicia a la sanidad. Para ello inició su intervención realizando un repaso a la etimología de los términos y su origen

Justicia es una palabra polisémicas definida de forma muy adecuada por Aristóteles en la “Ética a Nicómaco”. En ella Aristóteles distingue dos tipos de Justicia:

  • Justicia conmutativa: intercambio de bienes en igualdad y rige transacciones privadas. Se aplica en la sanidad privada donde el profesional ofrece un bien como es la salud, al cual es difícil ponerle precio para un intercambio justo (La salud no tiene precio)

  • Justicia distributiva: distribución de bienes públicos entre agentes privados. Criterio de proporcionalidad (cada uno recibe según su aportación al bien común). El médico atiende a cambio de dinero pero también a aquellos que no disponen de recursos, sin seguir las leyes de libre mercado y esa labor ha de ser compensada por el estado ya sea con riquezas (pocas) u honores. Hay que distinguir entre recibir un salario y el afán de lucro ya que el ejercicio de la medicina ha de ser una actividad realizada sin animo de lucro

En la Edad Media se fundan los Hospitales basados en el deber de beneficencia, en lo que se llaman deberes “imperfectos” ya que es el individuo el que determina su ejecución y no puede ser obligado a realizarlos.

En el mundo moderno continuaba el Dr. Gracia, las revoluciones liberales del s. XVII y XVIII quitaron poder al estado ampliando las propiedades privadas y aparecen nuevos conceptos de Justicia:

  • Justicia redistributiva: el estado obtiene recursos a partir de impuestos que después distribuye entre los ciudadanos

  • Justicia social: es la sociedad la que adquiere nuevos derechos. Aparecen los derechos civiles y políticos (Locke), que son derecho a la vida (a que no te la quiten), derecho a la salud (a que no te la quiten), derecho a la libertad (a que no te la quiten) y derecho a la propiedad (a que no tela quiten). Se llaman derechos negativos ya que no es derecho a tener, sino derecho a que no te quiten lo ya posees.

  • En 1848 aparece la segunda tabla de derechos, los llamados derechos sociales que son el derecho a la escolarización, al trabajo, al retiro digno y a la asistencia sanitaria pública. Estos últimos son positivos y están marcados por los límites de la ley.

El Dr. remarcaba el derecho a la asistencia sanitaria como un valor importante. Explicaba aquí la existencia de valores por referencia o instrumentales y valores intrínsecos. Los valores intrínsecos tienen valor por si mismos, son aquellos sin los cuales la vida perdería algo importante, como la salud y los valores instrumentales son aquellos que no aportan valor por si mismos sino como medio para conseguir otro valor (como por ejemplo la asistencia sanitaria como medio para conseguir la salud).

Nuestra vida esta orientada a promover valores intrínsecos y por ello los instrumentales son imprescindibles. Los valores intrínsecos no tienen precio pero los instrumentales se pueden medir en unidades monetarias y son intercambiables entre si (estar sano no tiene precio pero tratar a alguien para que consiga salud si lo tiene). Por eso Kant decía “los seres humanos tienen dignidad, no valor económico”.

Pero, ¿qué es la salud? ¿Cuál es el concepto de salud? Este no es universal ni permanente.

Lord Beveridge elaboró en 1942 un informe para el NHS en el que postulaba que dar una mejor asistencia sanitaria a la población inglesa con un aumento de los recursos en un determinado periodo de tiempo conduciría a una mejor salud y por tanto a una disminución de los gastos en el futuro. El tiempo demostró que el gasto no solo no disminuyo sino que se disparó. A medida que mejoraba la salud de la población el concepto de necesidad sanitaria también cambia exigiendo unos niveles cada vez más altos que exigen unos gastos cada vez mayores

No se puede llegar a cubrir todas las necesidades, hay que definir un catalogo de prestaciones básicas. Pero, ¿con que criterios?:

  • Eficacia: solo es exigible aquello que la tiene probada
  • Eficiencia: a igual eficacia usar lo mas barato
  • Efectividad: usar solo lo que funciona en el paciente real y no en el teórico

¿Y quien debe ser responsable?

  • Profesional: al recetar
  • Paciente: al exigir
  • Políticos: al legislar

La Justicia es “café para todos, aunque sean posos” o bien “o todos en la cama o todos en el suelo
¿Cual es el cáncer de la sanidad?: la ineficiencia. No se evalúa a los servicios. Aquel que no funciona debe ser cerrado o ajustado. Hay que evaluar a los profesionales y para ello las instituciones buscan gerentes privados y así evitar enfrentarse a los ciudadanos y no ser ellos los que tomen decisiones difíciles.

A modo de conclusión recordó la frase de Lutero “cuidado de no tirar al niño con la palangana”

Nota del autor: Este texto es un compendio de las notas tomadas durante la ponencia de la Dr Gracia. No  esta basado en la ponencia escrita ni revisado por la ponente.

viernes, 24 de mayo de 2013

JORNADAS CBA COMUNIDAD: PONENCIA CARMEN HERRERO: “Igualdad de oportunidades: Principios y aplicaciones”



La Dra. Herrero comenzó su ponencia hablando de los principios fundamentales de la igualdad de oportunidades y para ello distingue dos tipos:

  • Igualdad de oportunidades formal: Posiciones abiertas a cualquier candidato, con adjudicación de los puestos por méritos. Igualdad de condiciones de acceso. El problema es, ¿Quien marca cuales son los méritos necesarios y como se accede a ellos?. Hay que dar oportunidad a las buenas ideas y no solo a aquellos que disponen de recursos para llevarlas a cabo. Esto presenta como limitaciones que se reduce solo al ámbito público y no a las relaciones privadas y que la limitación es territorial ya que la igualdad de acceso no puede ser universal y se vulnera cada vez que se discrimina a alguien por cualquier motivo.
  • Igualdad de oportunidades sustantiva: Además de lo anterior se garantiza igualdad de acceso a la formación necesaria para adquirir los méritos, garantizada por el estado. Es necesario un equilibrio coste-beneficio razonable y para ello hay que proporcionar a todos oportunidades suficientes para que puedan desarrollar su talento. Se encuentra limitada por la discriminación positiva (políticas de cuotas), los impuestos prohibitivos y el racionamiento (p. ej. las listas de espera) que debe estar basado en criterios de eficiencia y no solo de beneficio ya que produce desigualdades.

Según Roemer, debemos jugar todos con las mismas cartas (compensar desigualdades de partida) pero responsabilizar a cada uno de los resultados obtenidos (esfuerzo individual).

Situación actual de la Igualdad de Oportunidades en España: Un estudio del 2005 situaba a España en tercer lugar por la cola en desigualdades en Europa y establecía como causas principales el paro y el abandono escolar y recomendaba modificar el sistema educativo fomentando la formación profesional, ajustar los gastos sociales y adaptar el mercado laboral. Las decisiones tomadas desde entonces han consistido en limitar el acceso a la sanidad, limitar ayudas sociales y rescatar a los bancos.

Como conclusiones la Dra. Herrero resume que la IO es muy costosa y que esta íntimamente relacionada con la Justicia. También respondió a las preguntas formuladas diciendo que hay que “cortar cabezas” para que esto funcione pero de forma selectiva, garantizando primero la calidad del sistema y después estableciendo el coste de esos servicios, ya que algunas empresas privadas ofrecen precios irreales que después no pueden asumir y ha de ser la administración pública la que asuma los costes

Nota del autor: Este texto es un compendio de las notas tomadas durante la ponencia de la Dra Herrero. No  esta basado en la ponencia escrita ni revisado por la ponente.

martes, 21 de mayo de 2013

JORNADAS CBA COMUNIDAD: PONENCIA ADELA CORTINA: “Justicia sanitaria en tiempos de crisis”




La Dra. Cortina comenzó su presentación realizando un repaso de la Historia de la medicina con el desarrollo de los Principios a lo largo de los siglos. En las primeras épocas de la profesión médica primaban los principios clásicos de la beneficencia y la no maleficencia, siendo los propios médicos los que gestionaban su profesión y sus honorarios. A mediados de los años  40 del siglo XX aparece la sanidad pública y por tanto comienzan a aparecer gerentes y políticos  en la gestión del gasto sanitario, que debido a la universalización de la sanidad aumenta de forma desproporcionada y que introduce la economía de la salud en la gestión y la aparición del principio de JUSTICIA para distribuir de forma adecuada esos recurso limitados.

A partir del 2007 se comienza a hablar de sistemas sanitarios sostenibles (“aquellos que satisfacen las necesidades de generaciones presentes sin poner en riesgo a las generaciones futuras”). Pero hay que tener cuidado ya que un sistema sostenible no es necesariamente un sistema justo

Por tanto, ¿Cuáles son las necesidades actuales? Según el BOE el mínimo irrenunciable es una sanidad pública gratuita y universal.

Pero para mantener esto son necesarias una serie de reformas, ya que la población ha envejecido, las enfermedades se han cronificado y el progreso técnico es imparable con el consiguiente encarecimiento de la sanidad y los recursos son escasos. Aquí la Dra. Cortina realiza un inciso recordando a Hume y su concepto de Justicia para el cual es necesario que los ciudadanos tengan un egoísmo moderado y los recursos sean escasos y recordando que los recursos siempre han sido escasos y siempre lo serán

Recuerda también la Dra. que no es lo mismo reforma que recorte y plantea cuales son los puntos fundamentales a reformar o como mínimo a debatir:

  1. Cartera de servicios mínimos: distinguir necesidad sanitaria de deseo y cubrir de forma generosa las necesidades
  2. Financiación pública o privada: la financiación pública garantiza la universalidad, pero el Estado no puede asumir el coste global sin subir aun más los impuestos y por ello hay que valorar externalizar servicios.
  3. Estatuto del profesional sanitario: no es productivo que sea igual que el del funcionario, pero la política de incentivos tiene una doble vertiente ya que aumenta la ilusión del profesional pero puede hacer que el paciente pierda la confianza en que las decisiones del médico no sean buscando su salud sino su beneficio económico.
  4. Corresponsabilidad del paciente en el gasto (copago): hacer consciente al paciente del gasto que realiza.  Dar educación en salud y fomentar vida saludable y ciudadanía solidaria.
  5. Gobernanza del SNS: Difícil gestionar 17 sistemas de salud autonómicos junto con el estatal.

¿Cómo hacer reformas sensatas?: buscando la “ética de la actividad sanitaria” y siendo todos corresponsables. Se deben tener en cuenta dos tipos de Bienes:

    • Bienes internos: fundamentales y deben respetarse siempre. Extraídos del documentos del Hastings Center sobre los fines de la medicina del S. XXI:
                                                               i.      Prevención
                                                             ii.      Cura si se puede
                                                            iii.      Cuidado de los enfermos crónicos
                                                           iv.      Ayudar a morir en paz

    • Bienes externos: que serian el dinero (optimizar su uso), el reconocimiento (ética de las profesiones).

Los profesionales han de aportar la vocación y los ciudadanos han de colaborar buscando una vida mas sana

Nota del autor: Este texto es un compendio de las notas tomadas durante la ponencia de la Dra Cortina. No  esta basado en la ponencia escrita ni revisado por la ponente.